El mantenimiento del vehículo o las revisiones preventivas del mismo deben realizarse tras un tiempo o un kilometraje determinado, además es imprescindible para mantener la garantía de la marca en el caso de que nuestro coche sea nuevo.

Es de sentido común, circular con un coche en perfecto estado mejora sustancialmente la seguridad vial puesto que se reduce el riesgo de sufrir un accidente. Al mismo tiempo, minimiza el impacto medioambiental de los coches al controlar las emisiones y reciclar los residuos.

Una vez excedido el periodo de garantía, las tareas de mantenimiento son necesarias para alargar la vida útil del vehículo y preservar nuestra seguridad y la de los demás. Un mantenimiento incorrecto o la no realización del mismo, puede provocarnos más de un disgusto.

Por esto, realizar revisiones periódicas para controlar el desgaste producido y las tareas de mantenimiento que sean necesarias, es fundamental para optimizar el rendimiento y alargar la vida útil de nuestro vehículo.

 

Cuándo realizar el mantenimiento del vehículo

Normalmente los fabricantes de automóviles establecen intervalos de revisión en todos sus modelos conformes a un periodo de tiempo o un número determinado de kilómetros recorridos.

Lo cierto es que ambos parámetros son complementarios. Es decir, si por ejemplo toca una vez al año o cada 20.000 kilómetros, hay que pasar la revisión si el coche ha recorrido 15.000 kilómetros el último año, o si ha completado más de 20.000 en menos de doce meses desde la última revisión.

La mayoría de los automóviles modernos incorporan los intervalos de revisión programados en el ordenador de a bordo. Algunos modelos incluso, utilizan intervalos dinámicos que varían en función del tipo de conducción entre otros parámetros.

En cualquier caso, si tu coche no es tan moderno, realizar como mínimo una revisión al año ─como mandan los cánones─ te evitará realizar mayores desembolsos en el futuro como consecuencia del desgaste de piezas o la degradación de lubricantes. Esperar a que el vehículo haga ruidos extraños, vibre o produzca un exceso de humo, no es un hábito recomendable y normalmente supondrá averías mayores y un aumento del riesgo de accidentes que pueden producirse por un funcionamiento incorrecto.

Las claves de un mantenimiento correcto.

Normalmente los talleres ya ofrecen en las operaciones de mantenimiento revisiones preventivas de multitud de puntos de control sobre el estado del vehículo a modo de chequeo. No obstante, como conductores debemos poner especial atención sobre, como mínimo, los doce puntos que señalamos a continuación en el cuidado de nuestro coche:

1. Lubricantes:

Reducen el desgaste de determinadas piezas del motor, conducen los corpúsculos metálicos fruto del desgaste hacia el filtro, contribuyen a la refrigeración y evitan eventuales micro fugas en el circuito gracias a sus propiedades sellantes.

Es conveniente revisarlo todos los meses en motorizaciones de gran consumo. En vehículos de más de 15 o 20 años, que no utilicen aceites sintéticos, debe comprobarse el nivel de aceite cada 5.000 kilómetros o cada tres meses y cambiarlo en función del nivel y la suciedad para evitar que se transmitan impurezas al motor. Además es conveniente cambiar el filtro en cada cambio.

Sin embargo, en los coches modernos la vida útil de los lubricantes se ha elevado bastante. Si tu coche tiene menos de 5 años, es probable que el fabricante recomiende reposiciones más dilatadas, por encima en algunos casos de los 30.000 kilómetros. Aunque cambiar de aceite más allá de cada 15.000 kilómetros puede provocar que el motor sufra en exceso. Desde luego, si tu coche tiene más de 10 años o 200.000 kilómetros lo recomendable es cambiarlo como mucho cada 10.000 kilómetros para alargar la vida del motor.

Casi todos los talleres aconsejan comprobar el nivel del aceite cada 1.500 o 2.000 kilómetros, una buena costumbre que nos ahorrará muchos sustos. Si debes reponer, elige el tipo de lubricante sugerido por el fabricante de tu vehículo.

2. Filtros:

Es aconsejable comprobarlos al menos cada seis meses, aunque la frecuencia puede variar en función del tipo:

FILTROS DE ACEITE

El filtro de aceite tiene la misión de retener las partículas metálicas que se desprenden del desgaste de los distintos componentes del motor y que, pueden perjudicar el rendimiento del motor e incluso dañarlo seriamente. En vehículos modernos, resulta imprescindible sustituirlo en cada cambio de aceite puesto que, aunque su calidad ha mejorado notablemente, los periodos de reposición cada vez más dilatados de los lubricantes de última generación obligan a su renovación.<

Si tu vehículo tiene más de 15 años o utiliza aceites minerales o semisintéticos, al reducir los intervalos de reposición a entre 5.000 y 8.000 kilómetros, es posible alargar la renovación del filtro de aceite. En cualquier caso, consulta siempre con tu taller la opción más adecuada en cada caso.

FILTROS DE AIRE

Garantizar que el aire que llega al motor no contenga partículas abrasivas, mejorando las condiciones de la combustión y por tanto el consumo de combustible, es la misión de este tipo de filtro.

Es importante revisarlo siempre en las operaciones de mantenimiento y revisiones preventivas. El ciclo de vida del filtro del aire depende en gran medida de por donde se circula. Lo recomendable es sustituirlo como mínimo cada seis meses en vehículos que circulen por vías y entornos limpios y cada tres en los que lo hagan en ambientes más agresivos como caminos, donde los niveles de polvo y partículas son mayores. FILTROS DE COMBUSTIBLE

Su funcionamiento es distinto según el combustible que utilice el vehículo, gasóleo o gasolina. En ambos casos, su función es fundamental para garantizar un correcto funcionamiento del motor.

Deben revisarse en todas las operaciones de mantenimiento y revisiones preventivas y reponerse en caso necesario.

FILTROS DE HABITÁCULO

Se ocupan de la salubridad del habitáculo y por tanto de la salud de los ocupantes del automóvil. Atrapan las partículas de polvo y granos de polen en suspensión. Son especialmente importantes para evitar una incidencia negativa de los mismos en ocupantes alérgicos. Conviene revisarlos en cada mantenimiento y sustituirlos en función de su condición de limpieza.

3. Neúmaticos:

Tu forma de conducir, el almacenamiento previo a la venta y los propios componentes de las cubiertas, son factores que influyen en su vida útil. Por tanto, estimar su ciclo de vida es complicado, sobre todo teniendo en cuenta además, que hay marcas con una mayor duración y resistencia que otras. Sin embargo, como vínculo de unión entre el vehículo y el firme, su actuación es esencial en la seguridad.

Mantener correctamente los índices de presión aconsejados, permanecer atento a la aparición de vibraciones y ruidos, observar con atención cualquier desgaste anómalo y estar pendiente de cualquier comportamiento extraño, es cuando menos muy conveniente. Todos estos aspectos nos avisarán, junto con el desgaste de la banda de rodadura, de que ha llegado el momento de la sustitución e incluso de posibles fallos en otros componentes.

Es una buena idea revisar mensualmente la profundidad y el estado de la banda de rodadura, la presión, los daños en los flancos y cualquier signo de desgaste irregular. En caso de duda, consulta a un especialista que te indicará si el neumático es apto para seguir rodando.

Cuando la altura de la goma del dibujo llega al nivel del indicador, es muy probable que la profundidad del dibujo esté cerca del límite legal de 1,6 mm, o por debajo del mismo. Es muy recomendable cambiar los neumáticos antes de que lleguen a ese límite. Además de poco seguros, podrías ser multado.

4. Frenos:

Con los frenos en mal estado necesitaremos más metros para detener el vehículo ante una situación de emergencia. El desgaste de los componentes del sistema de frenos ─al igual que los neumáticos─ depende mucho de las características de la conducción y también del medio habitual por el que circule el automóvil (atascos, recorridos con abundantes curvas, autopistas y autovías, etc).

No es fácil detectarlo, puesto que los componentes del freno se van deteriorando poco a poco y, salvo que sea muy marcado el desgaste (el vehículo se desplaza lateralmente, tarda en reaccionar, presenta ruidos y chirridos, etc.) en cuyo caso el paso por el taller debe ser inmediato, lo habitual debe ser que los frenos sean revisados por un especialista al menos una vez al año.

5. Iluminación:

Es conveniente comprobar el correcto funcionamiento de las distintas luces del coche con regularidad. En el caso de que alguna no funcione correctamente se debe proceder inmediatamente a su sustitución. Aunque ya no es obligatorio llevar un juego de lámparas de repuesto, no hay que olvidar que si es obligatorio mantener el sistema de señalización e iluminación en condiciones óptimas. Llevar limpia su superficie exterior es indispensable. Siempre que detectes cualquier irregularidad debes acudir al taller.

6. Amortiguadores:

Son uno de los tres componentes esenciales del denominado triángulo de la seguridad, junto con los neumáticos y los frenos.

Su correcto funcionamiento depende de varios factores, como el estado de la carretera, la carga del vehículo, el kilometraje y efectos de desgaste como el frío, el calor y la humedad. La acción de estos factores hace que el efecto del amortiguador se reduzca paulatinamente, hasta que deja de funcionar correctamente. Al no ser un desgaste muy perceptible para el conductor, se aconseja realizar revisiones periódicas cada 20.000 kilómetros.

7. Escobillas limpiaparabrisas:

Si las escobillas dejan zonas por barrer, originan extraños empañados, hacen ruido o saltos, ha llegado el momento de su reposición. Se aconseja como adecuado su cambio después del verano. No hay nada peor para sus componentes que las prolongadas jornadas de sol y las altas temperaturas. Ahora, además, suelen incorporar detectores de desgaste muy interesantes de incorporar.

8. Sistema de escape y catalizadores:

Los sistemas deben reducir las emisiones contaminantes y el ruido de los gases al salir del motor. No se puede evitar su deterioro, sobre todo cuando se circula mucho por ciudad o sobre firme irregular. Notarás fugas o corrosiones por una falta de potencia del motor y por el incremento de consumo de lubricante.<

Asimismo, y según indican los principales fabricantes, circular con catalizadores o tubos de escape defectuosos puede aumentar el peligro de incendio del vehículo y provocar asfixias e intoxicaciones en lugares cerrados.

Los catalizadores dejan de cubrir su función protectora del medio ambiente a los 80.000 kilómetros, por eso no está de más revisarlos a partir de los 60.000 kilómetros.

9. Correa de distribución:

La correa de distribución sincroniza los cuatro tiempos del motor, la apertura y cierre de las válvulas de admisión y escape y la chispa de la bujía. Es muy importante seguir los consejos del fabricante del vehículo porque, al ser un elemento que se desgasta, su rotura puede ocasionar una grave y cara avería en el motor.

Es prácticamente imposible para un conductor medio detectar su deterioro, así que la mejor previsión es reponerla por una unidad media en base a los intervalos aconsejados por el fabricante que, en muchos casos, suelen ser cada 5 años o 100.000 kilómetros.

10. Batería:

Presta atención a tu batería. Si percibes que se está formando una capa de residuos blancos en los terminales, límpialos con un cepillo y agua con bicarbonato de sodio y úntalos de grasa antiácido. Comprueba también el nivel de líquido de los vasos, por ejemplo cuando cambies el aceite ─si es una batería que necesita mantenimiento─, y rellena lo que fuese necesario. Recuerda que la batería produce gases explosivos, por lo que no debes acercar a ella ningún cuerpo incandescente.

En el aspecto exterior, la batería debe estar seca y preferiblemente limpia. Es recomendable darle una capa de cera un par de veces al año para mantenerla libre de óxido. Recuerda que con bajas temperaturas la batería se puede descargar con mayor facilidad.

11. Anticongelante:

Se deben comprobar los niveles de anticongelante, incluso cambiarlo todos los años cuando llega el frío. Se recomienda llevar el vehículo a un taller profesional para vaciar el sistema de refrigeración y reemplazar el anticongelante. Si tu vehículo dispone de un tanque transparente, debes llegar hasta la marca que señala el fabricante, siempre en una proporción de mitad agua y mitad anticongelante. Cabe señalar que en lugares que sufren temperaturas muy bajas, la recomendación es revisar el anticongelante semanalmente. Aprovecha el momento, y revisa el estado y la tensión de la correa de la bomba de agua.

12. Líquido de transmisión:

El líquido de transmisión debe ser revisado regularmente, aproximadamente una vez al mes, con el motor tibio y el freno de mano puesto y añadir lo que sea necesario. Para mayor comodidad, se recomienda cambiarlo cada 60.000 kilómetros.

Fuentes:

CEA Seguridad vial: http://www.seguridad-vial.net/

ASETRA (Asociación de talleres de Madrid): http://www.asetramadrid.com/

Coches.com: http://noticias.coches.com/